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Recurrir al cómic como vehículo para la enseñanza deviene de una tradición que se remonta a los orígenes del medio, Topffer comenzó a utilizar secuencias de dibujos y textos como estrategia para captar la atención de sus alumnos ya en 1845.
En el mediático siglo XXI, el cómic no puede ser considerado un convidado de piedra a la mesa de la cultura. Es un eficaz medio de difusión y transmisión de ideas y conceptos en la enseñanza en sus diferentes niveles, por ello se hace ineludible abrir un espacio a su aplicación a ámbito universitario. Los ejercicios que, a modo de investigación y experimentación, realizamos durante cuatro ediciones del curso “cómic, Arquitectura, ciudad”, nos han permitido evaluar las bondades de tal estrategia dirigida y adaptada a estudiantes de diferentes niveles de formación en la curricula.

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