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La conurbación de Montevideo en su límite este ha ido tomando el borde costero de Canelones, transformando antiguos balnearios exclusivos para el veraneo en lugares de habitar permanente. El paisaje de esta zona ha ido mutando paulatinamente, hacia un paisaje híbrido, entre la ciudad y la costa, lo urbano y lo suburbano.
Pensar una casa en este contexto, supone trabajar la dualidad entre el habitar intermitente y el habitar continuo.
El paisaje natural se ve potenciado por la geometría de la construcción, y la casa, parece más habitable y protectora en presencia de un paisaje natural más salvaje y virgen. La envolvente se plantea como un filtro que difumina los bordes, un velo, capaz de ser abierto de par en par, dejando permear la naturaleza en la domesticidad del hogar.

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